Anhelando un nuevo amanecer
Hola, soy el pastor Jorge Diaz
La Reflexión de hoy viene del Salmo 130 que nos cuenta de la alegría de esperar o anhelar …
Anhelando un nuevo amanecer
Salmo 130
1 ¡Señor, ayúdame! ¡Estoy en lo más profundo de mi soledad!
2 Señor, escucha mi pedido de auxilio.
Dame un poco de tu atención, oye mi súplica, por favor.
3 Yo sé, Señor, que, si miras el archivo de mi vida,
al igual que todos, no he hecho nada para merecer tu misericordia.
4 Pero, también sé que te gusta perdonar, y me has perdonado,
es por eso por lo que te busco para darte las gracias.
5 Yo pido al Señor cada día y noche de mi vida;
y espero para oír y ver lo que él dirá o hará.
6 Mi alma espera en Dios, mi Señor,
anhelando un nuevo amanecer,
como el centinela anticipando un nuevo día.
7 Querido hermano, estimada hermana, pide y espera en el Señor,
porque cuando él dice y hace algo, lo hace con amor.
No les quepa la menor duda, el Señor redimirá a sus hijos.
8 Él nos librará de la cautividad del pecado.
Una paráfrasis - Jorge E. Díaz
El sufrimiento y el dolor son dos sentimientos que forman parte de nuestra experiencia como seres humanos. En el libro “Ponte una flor en el pelo y sé feliz” Bárbara Johnson nos recuerda un famoso dicho: “El dolor es inevitable, pero cómo te sientes y lo controlas es opcional”.
El Salmo 130 trata justamente con esta gran verdad: ¡Los hijos de Dios, los cristianos, también sufren, pero esperan con fe en Dios!
Los cristianos no niegan el sufrimiento, no lo esconden, no hacen como el actor del poema Garrick, “no ríen, mientras por dentro, lloran”.
Los cristianos admiten que algo les duele físicamente a veces.
Los cristianos admiten que a veces se les olvidan cosas importantes.
Los cristianos admiten que a veces se sienten solos y devaluados.
Los cristianos admiten que a veces ya no tienen ganas de seguir.
Por otro lado, los cristianos -aunque aceptan el sufrimiento, no son masoquistas. No piensan que el sufrimiento los hace más santos; tampoco piensan que entre más se sufre más cerca se está del cielo.
El sufrimiento nos recuerda el carácter de nuestro Dios.
El Salmo 130 nos dice varias cosas acerca del carácter de Dios que hemos de tener muy presentes:
Dios lo toma en serio y se interesa por lo que nos pasa.
Dios está dispuesto a hacer algo y perdonarnos.
Dios es un ser personal y por lo tanto está dispuesto a redimirnos. Es decir, darnos libertad de nuestro pecado.
El creyente reconoce las varias fuentes del sufrimiento para encararlo adecuadamente.
Mucho del sufrimiento ocurre por el deterioro natural de nuestros cuerpos físicos.
Mucho del sufrimiento ocurre porque hemos pecado y la persona cosecha el resultado de su vida desordenada.
Mucho del sufrimiento ocurre porque Dios lo permite para manifestarse gloriosamente en nuestra vida y fortalecer nuestra fe.
El creyente adopta la actitud de un vigilante.
El v. 6 nos dice: Mi alma espera en Dios, mi Señor, anhelando un nuevo amanecer, anticipando un nuevo día como el centinela.
Con todo lo importante que un vigilante puede ser, él no puede hacer mucho para hacer que surja un nuevo amanecer o que venga un nuevo día.
Dios está actuando, él es el que está haciendo que todas las cosas a nuestro alrededor -incluyendo el dolor y el sufrimiento- cooperen para nuestro bien.
Aquí es donde entran las dos acciones maravillosas que describe el Salmista (v.7):
Querido hermano, estimada hermana, pide y espera en el Señor, porque cuando él dice y hace algo, lo hace con amor.
Pedir al Señor no es una ilusión. La esperanza no es un sueño que tenemos. Es hacer como el centinela que se mantiene despierto mientras llega la mañana.
Esperar en el Señor es creer que cuando él dice que hará algo, lo hace con amor. El obrará a nuestro favor a su debido tiempo y de acuerdo con su maravilloso propósito.
Sin duda el mejor ejemplo de confianza y esperanza en Dios lo encontramos en Jesucristo quien cuando estaba en medio del más profundo dolor y hundido en el sufrimiento exclamó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu, tú me has redimido, oh, Jehová, Dios de verdad’.
Oremos
Gracias, Padre celestial, por afirmarme en tu Palabra que tú estás haciendo lo que es mejor para mi bienestar. Gracias porque todo lo que haces para mí lo haces con amor. Te lo agradezco en el nombre de Jesús, amén.
Reflexión y acción
El autor de este Salmo dice que él hizo esta oración cuando se encontraba en medio de una gran soledad, con mucho dolor físico y emocional. Puede ser que tú estés en medio de una situación semejante. ¿Puedes leer de nuevo el Salmo 130 y hacer tuyas las dos acciones: pedir y esperar que Dios obrará para tu bien?
Que Dios te bendiga es el deseo de mi corazón y mi oración por ti hoy.
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